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Vencer a los monstruos

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Los cuentos de hadas han hecho eco de algunos de los miedos más profundos en los niños, permitiéndoles, a través de fantasiosas historias, reconectar con estas emociones y descubrir cómo enfrentarlas. Respecto a esto nos cuentan en la siguiente nota Gabriel Gajardo y Jeannette Palomera, mediadores de lectura de Biblioteca Viva Egaña.

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Desde la prehistoria, el miedo nos ha mantenido alerta y vivos ante posibles peligros en nuestro entorno. Hoy buscamos reencontrarnos con estas emociones desde zonas seguras, en las que somos espectadores del terror sin riesgos, como producciones audiovisuales y novelas de terror. Sin embargo, cuando niños nuestro primer acercamiento literario a los temores suele recaer en los clásicos cuentos de hadas. Si bien como adultos podemos reconocer ciertos conceptos que los cuentos nos revelan, ya que hemos pasado por miedos y procesos inherentes del desarrollo de cada individuo, estos conceptos no son necesariamente evidentes en los niños y niñas en formación, aquí la literatura infantil juega un rol importante, albergando miedos que desconocían como enfrentar: el rechazo, el abandono y la desprotección.

De acuerdo a lo que nos explica el psicoanalista y psicólogo austriaco, Bruno Bettelheim, el cuento de hadas nos permite evidenciar ciertos miedos y eventualmente, nos permitiría sanarlos y avanzar a la siguiente etapa de aprendizaje. Acá la literatura infantil y los cuentos de hadas al tener un carácter especular genera un espacio donde los  niños y niñas pueden reconocer y reconocerse en sus relatos, generando esa búsqueda de encontrarse con su yo interior, de manera consciente o inconsciente, permitiendo  conectar al niño con sus miedos más profundos, reconociéndose en la lectura y su vez abriéndolo a abrazar las opciones de éxito con las posibles soluciones para enfrentar estos miedos, siendo así en los cuentos de hadas  donde encuentran una guía y seguridad en su etapa de crecimiento.

Los monstruos pueden ser vencidos

Desde “La Cenicienta” de Charles Perrault,  hasta obras más actuales como el reconocido libro álbum de Maurice Sendak “Donde viven los monstruos”, la literatura infantil nos ha atrapado entre sus garras, sin desproteger una sensación de tranquilidad en la que podemos permitirnos no escapar, esperando con paciencia el desenlace.

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Hansel y Gretel.

“En los cuentos de hadas, los procesos internos se externalizan y se hacen comprensibles al ser representados por los personajes de una historia y sus hazañas. Esta es la razón por la que en la medicina tradicional hindú se ofrecía un cuento, que diera forma a un determinado problema, a la persona psíquicamente desorientada, para que ésta meditara sobre él. Se esperaba así que, con la contemplación de la historia, la persona trastornada llegara a vislumbrar tanto la naturaleza del conflicto que vivía y por el que estaba sufriendo, como la sensibilidad de su resolución” (Bettelheim, 1994)

Por medio de los cuentos se aprende que el miedo no es para siempre y son previstos por la literatura infantil y juvenil a través de cuentos de hadas, historias maquilladas de imagen simple, pero que en el fondo develan los mayores miedos desde nuestro entorno social hasta los básicos instintos de supervivencia, historias que nos advierten qué camino seguir, donde podemos mirarnos en un claro reflejo, acercándonos a la idea de que la situación original será restituida y que por medio de sus propias decisiones  los llevarán a una mejora.

“Quizás le tengas miedo a la oscuridad, pero la oscuridad no te tiene miedo. Es por eso que ella siempre está cerca. La oscuridad te observa desde los rincones y espera detrás de la puerta. También la puedes ver en el cielo todas las noches, contemplándote tal como tú contemplas las estrellas…Sin un armario, no tendrías dónde guardar tus zapatos, y sin la cortina de la bañera, salpicarías todo el baño, y sin la oscuridad, todo sería luminoso y nunca sabrías si necesitas una bombilla.”  La oscuridad de Lemony Snicket.

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