
Este poemario prosaico fue el ganador del Premio al mejor libro del año 2005 del Consejo del Libro y, aunque se puede leer como un desprolijo anecdotario, contiene verdades y heridas profundas donde se adivina mucho de honestidad, aunque Bertoni haya descubierto un abecedario y una dimensión propia, que muchos calificarían de lugares comunes.
Partamos por el principio, Claudio Bertoni (http://es.wikipedia.org/wiki/Claudio_Bertoni) es un fotógrafo y poeta que bordea la veintena de publicaciones. Él no deja indiferente al lector: o se le ama o se le odia a ultranza. No adorna, dice directo y duro lo que se le cruza por la cabeza o más probablemente por el corazón. Tiene algo medio bruto y prosaico que le hace exagerar y decir todo lo más frontalmente que le salga, aunque haya truco en eso, ya que no siempre lo simple es fácil de construir y lo de él suena simple, pero encierra humanidad profunda.
Como dice Wikipedia, el harakiri tiene su origen en el Japón feudal y partió como un acto de inmolación extraído del Bushido (código de honor samurái). El ritual representaba la forma por la cual el samurai entregaba su espíritu a Buda antes de alcanzar la edad madura, y así conservaba intactas sus facultades físicas y mentales, por tanto no manchaba su honor. Quizás a esta misma idea obedece el nombre de esta obra, ya que este libro es una suerte de anunciación de la decadencia y achaques que conllevan los años, que de seguro ha vivido este escritor nada convencional, obsesionado por la figura de la mujer en todas sus formas, muchas veces rozando la perversión.
Este libro tiene como eje central la enfermedad y se lee como el vómito de un pájaro de mal agüero que presiente la desgracia. El 98 Bertoni vivió una serie de severos dolores de cabeza que lo hicieron asomarse al abismo y, desde esa experiencia apabullante que es la enfermedad crónica, dibujar universo.
Bertoni todo lo registra, con su cámara caza imágenes de sus millares de musas urbanas todo el tiempo o va apuntando ideas sueltas en libretas roñosa, que después se vuelven libros que parecen sencillos, pero que esconden varias capas de lectura.
Les dejo un botón de muestra para que se queden masticando:
Claudio Bertoni:
Harakiri, poesía que duele y grita
Este poemario prosaico fue el ganador del Premio al mejor libro del año 2005 del Consejo del Libro y, aunque se puede leer como un desprolijo anecdotario, contiene verdades y heridas profundas donde se adivina mucho de honestidad, aunque Bertoni haya descubierto un abecedario y una dimensión propia, que muchos calificarían de lugares comunes.
Partamos por el principio, Claudio Bertoni es un fotógrafo y poeta que bordea la veintena de publicaciones. Él no deja indiferente al lector: o se le ama o se le odia a ultranza. No adorna, dice directo y duro lo que se le cruza por la cabeza o más probablemente por el corazón. Tiene algo medio bruto y prosaico que le hace exagerar y decir todo lo más frontalmente que le salga, aunque haya truco en eso, ya que no siempre lo simple es fácil de construir y lo de él suena simple, pero encierra humanidad profunda.
Como dice Wikipedia, el harakiri tiene su origen en el Japón feudal y partió como un acto de inmolación extraído del Bushido (código de honor samurái). El ritual representaba la forma por la cual el samurai entregaba su espíritu a Buda antes de alcanzar la edad madura, y así conservaba intactas sus facultades físicas y mentales, por tanto no manchaba su honor. Quizás a esta misma idea obedece el nombre de esta obra, ya que este libro es una suerte de anunciación de la decadencia y achaques que conllevan los años, que de seguro ha vivido este escritor nada convencional, obsesionado por la figura de la mujer en todas sus formas, muchas veces rozando la perversión.
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