Producciones Kim Jong-Il presenta…

paul_portada Ampliar imagen
Autor: Paul Fischer Año: 2015 Editorial: Turner

Poco se sabe de Corea del Norte, toda la información procedente del hermético país produce dudas y llega con retraso al resto del mundo; sin embargo, de algo se puede estar seguro: la idolatría con la que son tratados sus líderes, la familia Kim, gracias al gran trabajo propagandístico y al adoctrinamiento ejercido sobre la población. Buena parte del éxito en esta labor de propaganda es directo resultado de la fascinación de Kim Jong-il por el mundo cinematográfico.

Cuando Kim Il- Sung gobernaba Corea del Norte, su hijo Jong-il era un cinéfilo acérrimo sin interés en la política, lo único que le importaba era su producción clandestina de pirateo de películas, industria personal que movía a más de 200 trabajadores sólo para que él pudiese alimentar su fanatismo a escondidas del resto de la población, pues las únicas películas legales en Corea de Norte son aquellas que narran las hazañas históricas del Amado Líder, su padre.

Jong-il descubrió el poder del cine como mecanismo publicitario- ideológico de masas, y decidió usarlo para convertirse en el próximo líder del país, arrasando con toda su competencia, partiendo por la familia. Como Líder Supremo, tuvo total libertad de formar su propia productora de cine la cual, al poco llevar, le demostró lo paupérrimo que resultaban sus films: la industria cinematográfica, al igual que las demás del país, se encontraba muy atrasada en comparación con el resto del mundo. Entonces, si quería hacer buenas películas que no sólo ayudasen al régimen, sino que también fuesen dignas de competir en festivales de cine internacionales (y así elevar la opinión pública sobre Corea del Norte en el exterior), debía hacerlo con la ayuda del mayor experto en el tema; para entonces el mejor director era Shin Shang-Ok.

201610932_2_img_543x305

Shin Sang- Ok y Choi Eun-hee | Créditos imágen: Berlinale

Shin Sang- Ok y Choi  Eun-hee, matrimonio de cineasta y actriz surcoreana, nunca pensaron en un mejor y escalofriante guion de película que su propia realidad como rehenes en Corea del Norte. Producciones Kim Jong-il Presenta… narra, la historia de los “invitados de honor” del amado Líder Kim en una jaula de oro.

Choi vivió de manera desgraciada desde muy joven, fue maltratada, violada, y reiteradas veces engañada por sus parejas, mientras que Shin, joven soñador del cine, creía que se había ganado la lotería cuando Choi se fijó en él. Juntos trabajaron duro y formaron Shin Films, empresa con la que alcanzaron el éxito y se consagraron como los mejores en su campo. La creatividad de Shin hizo caso omiso a la censura imperante en Corea del Sur, llegando al punto en que se le prohibió seguir filmando. Frente a esto, y con un matrimonio acabado, ambos siguieron rumbos distintos, buscando alternativas de trabajo fuera de Corea del Sur. Tentadoras pero misteriosas ofertas aparecieron para Choi, una trampa de sus captores, quienes se la llevaron envuelta en una bolsa para cadáveres y sedada a Corea del Norte, donde fue recibida por Kim Jong-il. Poco tiempo después, su exmarido vivió lo mismo; sin embargo, pasaron alrededor de dos años antes de que supieran que habían sufrido el mismo destino y de que se volvieran a reencontrar, ambos como “invitados” en el país vecino.

La historia de Shin y Choi parece tan cinematográfica que, hasta el día de hoy, es fuertemente cuestionada por la población Surcoreana.

Choi reflejaba el prototipo de mujer coreana: hermosa, exitosa y amada. Ella entendió desde un principio que a pesar de los regalos, elogios y respetos de Kim, ella era un rehén, por lo tanto no poseía ninguna libertad y debía hacer todo lo que le pidiesen si quería seguir con vida. Algo muy distinto a lo que hizo Shin, quien se resistió e intentó fugarse en reiteradas ocasiones. Como resultado, cuando por fin se reencontró con Choi, estaba en pésimas condiciones de salud, pues había pasado por distintas cárceles que funcionan como centro de tortura.

La historia de Shin y Choi parece tan cinematográfica que, hasta el día de hoy, es fuertemente cuestionada por la población Surcoreana, pues no se podía explicar cómo personas que lucían los mejores trajes y relojes de oro macizo pudiesen en verdad haber sido secuestradas por ocho largos años.

Paul Fischer, cineasta y escritor saudí, hace un excelente trabajo no solo mostrándonos los pormenores de un osado secuestro y la conmovedora y miserable historia de vida de la pareja protagonista, sino que también ilustrándonos con un acabado perfil psicológico de Kim Jong-il; relato que va de la mano con la historia del cine asiático y su apertura al mundo, en comparación con el cine ermitaño y atrasado norcoreano,

En este libro se cruzan tres historias de vida, a la vez que se destaca a uno de los directores de cine más importantes de la historia: Shin Sang-ok; pero también da a conocer una realidad  oculta desde los años ’70, donde cientos de personas son secuestradas por Corea del Norte desde países vecinos como Corea del Sur, Japón, China, e incluso desde Europa, con el fin de adoctrinarlos y  obtener información sobre su principal enemigo; el capitalismo.

[Reseña de: Angélica Rocha, mediadora de lectura de Biblioteca Viva Norte]