Las bodas reales

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Autor: Ana Rossetti y Jorge Artajo Año: 2005 Editorial: Edicions Bellaterra

A finales del 2014 en Chile se encendía la “polémica” por la salida del libro Nicolás tiene dos papás. Ya sea por la temática –una familia homoparental-, por la amplia distribución y apoyo de la entidad gubernamental JUNJI, o tal vez por su escaso aporte literario, este libro dio mucho que hablar.

Pero al parecer la identidad de género, las familias homoparentales y la identidad sexual, hace tiempo que han sido elegidos como temas por más de un autor de literatura infantil. Podemos encontrar varios ejemplos: Rey y Rey (2000) de las autoras holandesas Linda De Haan y Stern Nijland, Oliver Button es una nena (1979) del estadounidense Tomie dePaola, o Laura tiene dos mamás de las españolas Yolanda Fitó y Mabel Piérola. Cada uno de estos libros tiene su particularidad, una mirada, una construcción narrativa y una estética distintas, pero están unidos por un argumento más o menos similar.

Las bodas reales es una obra que se enmarca dentro de este contexto. Es un libro ilustrado publicado al alero de la editorial española Bellaterra en el 2005, pero que nace ya en el año 2003 como idea a raíz de los últimos acontecimientos que atendía la realeza española por ese entonces: cuando se anunciaba el compromiso entre el príncipe Felipe y la conductora de noticias Letizia Ortiz. Pero ¿qué tienen que ver estos hechos con el libro? Pues bien, esta boda, entre un príncipe y una persona “común y corriente”, una plebeya, de alguna forma reabría la discusión en España acerca de aquellos matrimonios que aún no eran legalizados y legitimados, como era el caso de los matrimonios gay. Al parecer los autores de Las bodas reales quisieron entablar una discusión política y social, que tiene su culminación en la publicación del libro en el 2005, mismo año en el que se aprueba la reforma que permitía la unión civil de personas del mismo sexo en España.

¿Y qué cuenta la historia? Cuenta acerca de Príncipe Casadero que, por la impronta que le da su título nobiliario, deberá rápidamente contraer compromiso de matrimonio y quién mejor para establecer ese vínculo que Hermosa Desconocida. Hasta allí todo bien si pensamos este libro como un símil de la historia de Felipe y Letizia, pero a poco andar, solo lo anecdótico nos parecerá como aquella historia que vimos en la TV y en la prensa internacional.

El formato es de tapa dura. En la cubierta aparece una pareja de novias (dos chicas), en la contracubierta dos novios (dos chicos) y en ambos lados, la bandera del arcoíris o bandera LGBTI. En la portada se lee “Las bodas reales, cuento para colorear”. Las pinceladas desprolijas con que se colorea el libro logran evidenciar cierta tensión o disposición en el ánimo de los personajes. Y la correspondencia de los colores con las tonalidades del arcoíris LGBTI, no hacen más que afirmar un discurso preestablecido por los autores que finalmente invitan a pintar los espacios que están en blanco.

Los personajes son resueltos con un trazo desgarbado, pero de una línea más delicada si se trata del mobiliario, los paisajes o los edificios. Las formas que se vuelven más simplificadas al dibujar una figura humana y sus rostros no reflejan una personalidad, sino más bien un estado de ánimo, una expresión.  Príncipe Casadero, la Hermosa Desconocida, La Voz de la Experiencia, más que nombres son conceptos y dan pie para abrir un mundo de posibilidades y consecuencias narrativas. Ellos pueden ser todos y ninguno a la vez.

Y ¿qué sucede con la desnudez? Aparece en ciertos momentos y dentro del contexto narrativo. ¿Debería molestarnos? Quizás a ciertas sensibilidades sí. Pero es en la figura del personaje La Voz de la Experiencia (de quien se devela una personalidad oculta) y ciertos seres extraños que lo rodean, que inevitablemente proyectamos desde nuestro inconsciente colectivo elementos poco deseables para ser vistos en un libro infantil y que devienen en cierto rechazo forzado como método de defensa contra lo que creemos es un recurso grosero y vulgar.

El libro Las bodas reales fue censurado y rechazado por varias editoriales por su “alto contenido sexual”. ¿Sería acaso la mentada desnudez y la evidencia de la genitalidad de los personajes lo que escandalizó a aquellos editores y lo que escandaliza a los ofendidos padres que arrancan de las manos de los más pequeños este libro? Puede ser. Solo le queda juzgar a usted.

[Reseña de: Pamela Aguilera, subdirectora de Biblioteca Viva Vespucio]