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Conversando de cómic con Pedro Prado y Marco Rauch

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Pedro Prado, autor de la novela gráfica “Santa María 1907: La marcha ha comenzado”, y Marco Rauch, editor de Mythica Ediciones, visitaron Biblioteca Viva Vespucio para realizar un conversatorio sobre el cómic en Chile y dar un taller a los asistentes. Aprovechamos la ocasión para conversar con ellos, recorrer su trabajo y reflexionar sobre el arte de las viñetas en el país.

Pedro Prado y Marco Rauch parecen distintos, pero tienen más de algo en común: ambos dejaron sus profesiones iniciales a un lado para lanzarse al mundo de las historietas. Aunque los dos sabían de la existencia del otro nunca habían compartido en persona, hasta que se encontraron por primera vez en el taller de novela gráfica que juntos realizaron en Biblioteca Viva Vespucio.

El cómic social

Prado (46) es un historietista desde que tiene uso de memoria. Su primer cómic, recuerda, lo creó siendo muy joven; una breve historia en las hojas centrales de su cuaderno escolar donde las fuerzas imperiales de Star Wars se propusieron derrocar la dictadura de Pinochet. “La decisión adulta ocurrió cuando decidí abandonar mi camino de arquitecto y abrazar mi amor por la historieta”, comenta.

Los frutos de aquella decisión están a la vista. Prado hoy es uno de los exponentes chilenos de la creación de viñetas, personajes e historias, siempre ligadas a causas sociales, de derechos y memoria, desde su primer trabajo profesional para la UNICEF, hasta la publicación de Santa María 1907: La marcha ha comenzado (medalla colibrí 2015 otorgada por la Corporación Colibrí IBBY Chile), inspirada en la novela de Hernán Rivera Letelier Santa María de las flores negras, que narra la trágica matanza de mineros a manos del Ejército de Chile en Iquique el año 1907.

Pedro Prado en Biblioteca Viva Vespucio.

Prado también se embarcó en la misión de levantar Petrogligo, su propia editorial dedicada a la novela gráfica, para él: “Un sueño personal. Es como diría George Lucas, la fábrica de conservas que logre hacer los tarros que a ti te gustan”.

¿Por qué optaste por la obra de Hernán Rivera Letelier como inspiración para Santa María 1907?

Por muchas razones. La central fue la historia que construyó Hernán, la forma de encarar la “banalidad del mal” tan presente en nuestra historia. En lo personal no me motiva el comic-documental, muy necesario por cierto, sino una historieta que haga caer los velos de autoprotección. Esas cosas en que nos autengañamos para seguir adelante y ni reparar en al ignominia. Hernán “ocultó” esto en clave de humor en su relato. Yo lo oculté en la elección de animales para representar la historia. “Mentir para revelar la verdad” como decía alguien por ahí, ¿cuál verdad?: que las cosas, desde la matanza de 1907 no han cambiado nada”.

¿Qué objetivos persigue Editorial Petroglifo?

“Yo tengo más de 20 años trabajando como proveedor del Estado en diseño, ilustración y guión. No me desarrollé dentro del mundo editorial privado, por decirlo de alguna manera. Cuando arribé a él pensé que no iba a tener los vicios y demandas del trabajo para el Estado, pero me equivoqué. La implantación del Capitalismo y sus derivados, en este país fue tan feroz que uno se lo encuentra en los ámbitos más insospechados. Petroglifo persigue no solo el desarrollo en el ámbito editorial, sino una forma de tratarlos. No tan complaciente con las modas o los estudios de mercado, sobre todo comprometido con el imaginario de las nuevas generaciones y con la mirada de autor. Es un sueño que comienza”.

¿Cuál es el panorama actual del cómic en Chile?

“Esa respuesta es muy difícil porque hay mucho trabajo invisible y otro sobre-expuesto. Atrás nuestro hay grandes maestros de los cuales aprender. Hoy hay cosas novedosas sobre todo en el ámbito de la novela gráfica. Pero está todo muy contaminado por el sentido del buen negocio, la sobre explotación del tema por parte de instituciones de educación superior. Yo tengo un taller de historieta que debe ser de los más longevos de Chile, desde hace 17 años y el talento y el deseo por dibujar siempre ha existido. Creo que la diferencia es que hoy los chicos ven más claramente que antes que “se puede” y que hay grandes obras producidas en esta tierra en las cuales inspirarse y no sólo la oferta norteamericana, siempre presente. Otro punto relevante es el creciente apoyo estatal a levantar y visibilizar este oficio”.

Novela gráfica Santa María 1907.

¿Qué trabajos de novela gráfica en Chile destacas y por qué?

“Hay varios destacables, pero me gustaría partir por algunos menos difundidos como las dos entregas de Capitán Garra de Jose Gai, que me gusta mucho. La Isla de los muertos de Cristóbal Florín y Rodolfo Aedo. Son de esos proyectos que se notan nacen desde demonios personales, esos que hay que hacer no más. Y por supuesto que los trabajos del nivel de Felix Vega y Gonzalo Martinez”.

Si tuvieras que darle tres consejos a alguien que quiera dedicarse al cómic o novela gráfica, ¿qué le aconsejarías?

“Desarrollar una alta tolerancia a la frustración, nunca rendirse. Saber que se elige el camino largo como me dijo don Luis Rivano”.

“Huir de cualquier tema o mirada que pudiera estar de moda, porque es señal de que se acomodó al estado de cosas, que no hace daño, y como dijo Víctor Jara, todo lo valiente siempre será algo nuevo. Ser valiente en los temas y/o las miradas”.

“Nutrirse permanentemente la mirada. Creo que el gran patrimonio de la novela gráfica es la mirada del autor, esa que cada vez encontramos menos en el cine por los costos asociados a las producciones. Lo que sostiene a una novela gráfica es la mirada de las cosas, de los temas. Lo que hoy nos faltan son miradas excepcionales y eso se logra, creo, conversando con todo el mundo, caminando, observando, leyendo, dejando que el mundo le pase a uno por todos los poros. Conversando con los abuelos, con los niños, con los sin voz. Aspirar a ser un puente desde el silencio, desde el silencio del pasado o desde futuros posibles no imaginados”.

Producir historietas en Chile

Marco Rauch (52) es un insistente difusor de cómics en Chile. Ingeniero informático de profesión, pero guionista de historietas de oficio. Actualmente es director de Mythica Ediciones, editorial chilena independiente dedicada a publicar cómics, entre ellos la ya reconocida saga Zombies en la Moneda, que según Rauch llegó a tener más de 20 creativos entre guionistas y dibujantes nacionales.

Marco Rauch en Biblioteca Viva Vespucio.

Las páginas con viñetas siempre formaron parte de su vida: “Gracias a mi padre que me obsequiaba en aquellos años -décadas 60 y 70- prácticamente toda la producción nacional de historietas de la antigua editorial Quimantú, además de mucho cómic argentino y europeo. Como muchos de mi edad, crecimos de la mano del Mampato original, que nos sedujo con las historias a cuadritos y la cultura y educación que por su intermedio se obtenía”, recuerda Rauch. Por su afición a las historias ilustradas decidió jubilarse tempranamente de la informática, para dedicarse a escribir narrativa y guiones.

Mythica Ediciones inició el año 2007, con el propósito de “recobrar la industria de la historieta de las décadas del 40 al 70”. Considerando que ya han pasado más de 10 años, ¿se ha cumplido en parte esta misión?

​“Indudablemente, la escena de la historieta chilena es muy diferente a la que había hace diez años y, modestia aparte, creo que el trabajo que he venido desarrollando tiene mucho que ver con ello. Pero nada de lo que he logrado sería posible sin el trabajo creativo de todas las personas que en algún momento trabajaron conmigo, como Manuel Mella, Kobal, Renzo Soto, Cristian Díaz, Javiera Constano, Jade González y otros más”.​

​“Aún tenemos mucho que hacer en el campo de la difusión para que el chileno en general conozca todo lo que se hace en historieta nacional, pero hoy contamos con muchos eventos para exhibir nuestro trabajo, tenemos entrada en las grandes cadenas de librerías y hemos superado el nicho de la comiquería tradicional”.

¿Es muy difícil mantener una editorial de cómic en Chile?

​“Es un trabajo enorme, desgastante y muy ingrato. Sólo puedes dedicarte a ella si eres un romántico y estás algo mal de la cabeza. Y la principal razón de ello es que el mercado sigue siendo pequeño, de no más de 10.000 lectores en un país de casi 18 millones de habitantes. Ningún dibujante o guionista nacional puede aún hoy vivir de hacer historieta, salvo las excepciones de aquellos que trabajan para el extranjero o han sido acogidos por alguna editorial extranjera. Los pequeños editores estamos casi siempre al debe, viviendo al día y con muy pocas opciones para conseguir recursos y continuar haciendo historieta. Nuestra principal entrada sigue siendo la venta directa y por eso es que sigue siendo tan importante el aumentar el mercado lector, que potencialmente es muchísimo. En ésta tarea es muy importante el apoyo de organismos como Biblioteca Viva, por ejemplo. Su red es una poderosa herramienta para que más lectores conozcan lo que hacemos y sepan que la historieta chilena de hoy es mucho, pero mucho más que Condorito”.

Si tuvieras que darle tres consejos a quienes sueñan con ser dibujantes profesionales o guionistas de cómic, ¿cuáles serían?

“Primero, que se lancen a esto sólo si están verdaderamente conscientes de que es una carrera de largo aliento, que les proveerá de muchas derrotas antes de su primera victoria. Si no se sienten preparados, de corazón les sugiero que no se lancen, porque es un camino duro”.

“Si ya se han lanzado, que aprendan a buscar, recibir y agradecer la crítica con madurez. Hoy gracias a internet tienen a su disposición un enorme mundo dispuesto a leer lo que hacen. Creen, escriban, dibujen y muestren su trabajo al mundo. Aprendan de esa forma dónde fallan, comparen sus trabajos con los que llevan la delantera (pero nunca los consideren inalcanzables). La competencia franca pero honesta y sincera es lo único que los hará crecer de verdad. Y finalmente, no dejen pasar ni un solo día sin haber escrito o dibujado algo. Tómense en serio ustedes mismos. Lo que han escogido no es un hobby, sino un trabajo que debe ser asumido como cualquier otro, con responsabilidades, horarios y metas por cumplir”.

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